Allá por los 90, mi aita arregló el tejado del pórtico de la iglesia de Busturia. Pero se encontró con un problema: el camión con el material no podía llegar hasta allí para descargar. La solución típica era alquilar una grúa grande. Cara y aparatosa de instalar.
Su solución: desmontar la pluma del camión y montarla en el tractor de mi tío. El mismo sistema que movía la rotavator podía mover la hidráulica de la grúa.
¡Ese día nació el tractor pluma!
En las empresas deberíamos aplicar la misma filosofía:
- Escapar de los sistemas grandes, monolíticos, aparatosos… que te obligan a adaptarte a ellos.
- Apostar por herramientas modulares, que se despliegan y se adaptan a cada caso.
- Contar con un equipo que sepa analizar los procesos, entender el problema y aplicar ingenio para resolverlo.
La grúa grande lo habría resuelto. Pero la mejor solución estaba a mano: una herramienta que se podía adaptar y alguien que supo verlo.
Y tú, ¿necesitas un tractor pluma?