Cada vez más empresas industriales están definiendo su política de IA: cómo se eligen las herramientas, qué información se puede compartir, con qué cuentas, y quién se forma para usarla. Pero esos criterios no se pueden quedar solo en casa.
Los contratos ya recogen el RGPD, la privacidad y la confidencialidad. Casi ninguno aborda el marco de uso de la IA. Y parte de lo que nos entregan ya se hace con IA: a veces con un modelo propio del proveedor; muchas veces, con varias IA frontera de las grandes tecnológicas.
No es cuestión de desconfianza, sino de trazabilidad.
Cuatro cosas a solicitar:
- Qué IA se usa y para qué.
- Qué se hace con los datos.
- Aviso si cambia el modelo.
- Qué controles hay sobre los resultados.
La Comisión Europea ya ha publicado modelos de cláusulas de IA para la contratación pública. Es una señal de hacia dónde va el mercado: tarde o temprano, estas preguntas llegarán también a los contratos entre empresas.
Y lo mismo que pido a mis proveedores me lo van a pedir mis clientes.